Sacrifica al poema
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| Homenaje póstumo a Orlando Serrano Giraldo /El diablo alado* |
Aquí, en este lugar del mundo donde me oculto, en Rotterdam para mayor exactitud, los cuervos son protagonistas de las calles. Tienen sus propios árboles, su característico graznido, que a veces, se escucha como si fuesen gritos humanos y se preguntan y se responden desde otras ramas y vuelan y se vuelven a juntar como almas libres.
La muerte de Orlando Serrano Giraldo me llegó a esta ciudad desde las noticias que atraviesan las redes sociales y no por una voz o un mensaje directo, sino que las primicias ahora vuelan, sin filtro y muchas veces, sin patria ni raíz.
Orlando Serrano era el viejo cuervo entre los árboles. No
perdía el tiempo en discusiones infructuosas, iba al grano, al fondo de las cosas
y disparaba la palabra, sin mansalva, sin temor a represalias, a causar heridas
de muerte o escenas de vergüenza. Educado, pulcro, vivaz, fue uno de los
primeros editores que conocí cuando todavía no entendía en qué consistía esa
labor y desechó mi libro de poemas, sin dolor, me lo devolvió, así, herido, atravesado
por una flecha, ya había pasado por su filtro editor y no cumplía sus
requisitos de publicación.
Recuerdo que salí de allí, del Libro Total en Bucaramanga, cuando
su oficina quedaba en el Centro Comercial Chicamocha y ya era un escenario donde
los libros eran los dueños de casa y no sus ocupantes.
“De noches y oscuridades” era el título de mi libro.
En esa época nadie había escuchado públicamente mi nombre y
con frecuencia me llamaban Karina o con suerte, me decían Karen.
Cuando llamé por teléfono a preguntarle a Orlando, si podía atenderme en su oficina, para hablar sobre mi libro, me dijo así, tosco, frío, como un “diablo alado”*, pero usted finalmente cómo es que se llama, póngase un nombre porque aquí también me aparece Claudia.
La negativa a publicar mi libro me dejó una invitación que consideré indecorosa por no decir humillante y una total insolencia. Me pareció un ataque, personal, bajo, ruin y creo que solo después de muchos años logré acercarme y perdonar su impertinencia.
Orlando Serrano me dijo en su oficina, frente a un escritorio lleno de ceniceros con sus respectivos mecenas humeantes, usted es mejor narradora que poeta.
Con ese llanto amargo silenciado contra mi almohada adolescente, con esa tristeza de quien sueña una cosa y la realidad la golpea súbitamente con otra.
Con esa sensación de vacío, de desamparo, de pena moral transité
muchos años.
Literaria, impúdicamente.
No se en qué momento. Bueno, si recuerdo perfectamente el día y el lugar.
Tal vez acababa de marcharse algún compañero. Tal vez se
había levantado de la cama para darse una ducha, para irse, para salir.
Y entonces sentí que el poema no era suficiente.
Que había que relatar la historia completa y no esos fragmentos fugaces.
Escribía entonces, extraviada, amateur, con el delirio.
La imaginación era un torrente imparable.
Impotente, frente a quien acaba de huir para perderse en la
noche.
Donde siempre tuve temor de morir.
Y para paliar mi angustia, del recién amado desertor.
Una imágen iluminó mi zozobra y recordé que Orlando
Serrano, ese cuervo en retiro, ese cuervo sin filtro, me dijo, mirándome con
esos ojos salidos de sus grandes órbitas:
Karim Quiroga: "sacrifica al poema"
*Poema El cuervo de Edgar Allan Poe.



Me encanta. Claudia Karim.. saludos desde Killa
ResponderEliminarAlgún decir inquieto en la palabra, con el dejo singular santandereano, así en blanco y negro cual veía sus contrastes. Orlando como Borges se perdía en las penumbras, donde un fantasma de faro lo envolvía insistente como Hamlet, para liberarse entre libros por el ardor de las paredes de la nicotina reposada al arbitrio del oír, entre las cuerdas de un triple de colores no vistos en las córneas detenidas, ensimismado en el parecer al coloquio entre amigos y su contraste fue así, un cuervo que desde antes, lo ensambló de guacharaca en la impronta de familia, desde la madera y aserríos con vocación de impresor siempre suelto de lenguajes y anécdotas dispuestas, el Orlando del Quijote, de Kundera y tantos otros entre todas las palabras, las vibrantes del idioma, el maldito y quedo en el Dios del sefardí entre el benigno comejen de biblioteca, que ahora abre el libro desde el sueño en otro lugar de la penumbra con dimensión en las palabras.
ResponderEliminarHermosa evocación. Gracias Karim!
ResponderEliminarMuy bello homenaje a Orlando. Recordarlo como crítico implacable es un gran reconocimiento.
ResponderEliminarHola bella amiga que bien que escribas al respecto de la partida del ilustre Orlando Serrano.
ResponderEliminarGracias por compartir tan interesantes palabras, esa visión de vida compartida es un tesoro. Un honor leerte maestra Karim- At. Fidel
ResponderEliminarEscritora mutante
ResponderEliminar¿Se fue de Colombia sumercesita?
A. Almerí
Me parecía un tipazo. Un abrazo. Javier
ResponderEliminarGracias por esta evocación, tan sincera como él. Abrazos, Karim, Karen, Claudia, todo junto, porque la poesía está en la narrativa también....
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