LA INTENSIDAD DEL SUPLICIO



 La eterna noche que me cobija

con la posibilidad o la espera incierta

de una ventisca. 


He visto noches blancas

bañadas por un río infinito

de personas y de música

y de olores, de cocción de alimentos

que provienen de otras galaxias. 


La eterna noche que me cobija

con el arrullo incierto

de mi memoria. 

de todas las velas apagadas

y vueltas a encender 

en un corredor que atravieso, vacía. 


He abierto las ventanas 

esperando disminuir el deseo.

Pero es intermitente, es una chispa que no cesa.


He sentido, también, la sensación de triunfo

de regresar a casa, ataviada 

y cobijada con los recuerdos. 


Y aquí, a años luz, de mi pasado

de mi risa estruendosa 

con mi instinto apaciguado.


Mi capacidad de sobrevivencia

puesta a prueba

en cada segundo. 


Quisiera, entonces, convertirme en ceniza.


He visto los ojos de quien llora

y no reprime su llanto

ni con una almohada de plumas sobre la cara

ni con su propio puño a medio cerrar. 


Los ojos luminosos

cegados por las lágrimas

no permiten identificar nebulosas 

del firmamento. 


He sentido manos que me recorren 

y que describen la forma de mi cuerpo

ahí, en ese único espacio, tomo conciencia

de que aun respiro y sigo viva. 


He visto ojos cansados o extasiados

derretirse, en mi retina. 

¿Quién soy bajo el abrigo de las estrellas?

de los astros que nos evocan y nos trascienden 

que nos observan con la misma intensidad

que transita el deseo. 


He visto cómo pierdo el registro 

de mis sentidos

mi propia voz suena distinto. 

y apenas identifico

si me es posible, rezagos

en las fotografías de años pasados


Todo es distinto.

Todo sabe distinto.

Solo describo, a veces, un rumor

dentro de mis propios abismos. 


No queda nada de la mujer que construí 

durante casi medio siglo. 


Y ahora no puedo retener 

cuantificar, tomar distancia, pesos o medidas. 


Porque en cada lapso

debo empezar desde cero

o de algún número infinito 

que me permita trazar, ubicar

señalar un ritual. 


Me encuentro con espejos

que paso de largo

para no chocarme de frente

con mi reflejo. 


Volvamos al trayecto, al pasadizo

a este corredor que penetro

(nunca mejor dicho)

para encontrarme 

con la causa que me obligó a huir

en primer lugar. 


En algún punto mis pies

van a apuntar

(nunca mejor dicho

a otro lugar que no sea 

encontrarme con su voz de mandato. 


Donde entrego mi libertad

por horas

por segundos

medida en minutos 

y fluorescencias. 


Escribo, entonces, trazando, señalando

y soy la luz

al fondo de ese pasillo. 

Pero también, a veces, 

soy el silencio. 


Voy a permitir que los días transcurran

diáfanos, transparentes, 

sin la cuantía que esclaviza 

sin el torrente que me retiene. 


He visto barcos

y sueño perderme en el mar

o ser el faro que los orienta.


He visto hombres y mujeres

cuya belleza parece no pertenecer a este mundo

son ángeles aterrizados

inquilinos en esta tierra. 

No pagan alquiler 

transitan los días volando. 


He visto, quizá, un par de ojos

que hacen un gran esfuerzo por identificar 

si soy una sombra 

entonces, han transcurrido las hogueras de mi juventud 

esa, que era lo único que me pertenecía. 


Los años aportan otro tipo de fuegos

no artificiales ni tampoco ruidosos. 

La edad te trae un regalo con cada vela encendida

y vuelta a apagar. 

Sumas y haces la cuenta

y te hacen falta recursos 

ideas que dejaste por el camino. 

Flores que estuvieron a tu alcance

pero las esquivaste

sin detenerte para apreciar

su espesura, su encanto único.

 

Deberías quererme 

con el mismo suplicio 

con el que cada noche intentas

justificar que no existo. 

Karim Quiroga
Rotterdam, Países Bajos. 

Comentarios

  1. Recuperó la escritura ,y, es un viaje al interior de su mundo subjetivo sereno, sin culpa ni reproches. En actitud de aprendizaje

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