8M: LA FURIA DE LA CONQUISTA
No se en qué momento el 8M se convirtió en una obligación de celebración que debía cacarearse en las calles y atribuirse disturbios.
Al principio nos regalaban rosas y chocolates. Hoy nadie hace regalos en este día básicamente porque las mujeres, ya no somos invisibles ni pasamos desapercibidas.
Hemos conmemorado fechas durante todo el año, pero el 8M propone además un ejercicio de marketing en tonos rosa y morado.
Pero las madres seguimos soportando el peso de nuestras decisiones tanto por si decidieron unirse en matrimonio lo cual constituye enfrentarse a una tradición de convivir con un hombre, asistir a sus compromisos públicos, deportivos y familiares, representando un papel, obsequiando a los amigos de la pareja y llegar a casa para tener relaciones sexuales así este cansada o quiera dormir.
Si el deseo es una chispa es evidente que tiene una finitud. Pero esa realidad es contraria al juramento que se firma o se venera en ceremonia pública.
De modo que el amor filial constituye un contrato con otro ser humano que cambia en la medida del paso del tiempo. Eso quiere decir que con los años (meses, días, horas) no es la misma persona que juró o firmó en el momento de mayor vanagloria del enamoramiento.
Pero nosotras, las que nos resistimos a expresar el amor como una promesa también somos señaladas por negarnos o porque nadie nos escogió.
Las madres que maternamos hijos adolescentes también los esperamos en casa, mientras llegan de celebrar con sus amigos y sus amigas.
Sabemos que en algún momento van a buscarnos cuando se les acabe el dinero para la fiesta o la furia de la conquista. Los adolescentes son guerreros en batallas finitas que acaban en una noche.
Algunas madres no vamos a celebrar el 8M en las calles básicamente porque la ocasión significa un espacio único para una íntima celebración.
Y es precisamente un día para obsequiarnos aquello que la vida nos resta: tiempo.
Algunas madres no vamos a proclamar en la plaza pública el ejercicio de nuestros derechos, que otras mujeres han liderado durante años a nuestro favor. Y hacemos desfiles en silencio, cada día, cuando transformamos nuestros miedos en coraje y determinación.
A las mujeres se nos enseña desde muy temprano a rivalizar con las otras, como si nos fueran a quitar algo que nos perteneciera, desde otro varón a una oportunidad laboral.
Entonces, desde esa proclama extendida, el 8M representa la unión de la diferencia. En ese orden, significa un solo día porque los otros están precisamente destinados a comparar el cuerpo femenino tanto en reinados como en redes sociales.
Así creando además una estética que veíamos venir desde Yayita la novia de Condorito, por dar un ejemplo.
Un cuerpo hipersexualizado, y el rostro en labios excesivamente pronunciados o pestañas postizas que significan una tortura para quien las usa, y el cabello largo, teñido y con extensiones.
La mujer es entonces un objeto utilizado para el deseo sexual masculino.
Así de sencillo. Y el estándar de clasificación significa que si no los cumples eres fea.
Y si los llenas, eres obediente.
Me alegra pensar que algunas mujeres no van a cosificar sus cuerpos al deseo de nadie salvo de ellas mismas.
Y que sus rebeldías nos representan en la audacia y definición de otras formas estéticas posibles en esa diferencia.
Y allí la mujer no será observada como una oponente, o una rival, o una envidiosa de la belleza o grandiosidad de la otra. Sino como una oportunidad en la convivencia.
Un reflejo que nos muestra una imagen distinta y celebra esa diversidad.
El 8M está especialmente dedicado a aquellas mujeres que no hacen bulla ni ruido ni tienen o ejercen autoridad alguna ni en la casa ni el trabajo.
Para esas mujeres invisibles en las ausencias y en las movilizaciones. Aquellas que ejercen la maternidad con hijos que nos interpolan en tiempo y en aliento.
La libertad para una madre significa un verdadero espacio de autonomía. Horas sagradas donde ejercerá su voluntad. Y hará exactamente aquello que le plazca y no que la transgreda.
La independencia se conquista, de repente, alzas la voz donde antes dominaba el silencio o la sumisión, de repente, otorgas el verdadero poder a tu cuerpo, y ese dominio no se alcanza en la domesticación sino en la libertad creativa y física de tener relaciones sin compromiso lo cual en una mujer significa una etiqueta con una palabra de cuatro letras.
Y hay varias que aplican como Mamá que es sagrada. O Puta que es perversa.
O Musa.. que es libertaria.
Y así. En alta demanda de etiquetas y sofisticación.
Me quedo con el oficio creativo de quienes tenemos aspiraciones artísticas. Vivimos en otro mundo, otro modo de producción que no significa una garantía de sostenibilidad pero requiere un compromiso, ya no público como el amor, sino otra conquista, auténtica y absoluta.
Karim Quiroga - La cabra LibreRa



Qué bello. Toda la razón 🩷🩷🩷 un abrazo
ResponderEliminarHola Poeta, maravilloso paseo por ese mundo deferente de mujer, sobre todo por la apuesta a lo autobiográfico. Un abrazo.
ResponderEliminarMuy interesante ensayo Maestra Cabra Librertaria.
ResponderEliminarSolo me resta decir que alguna que otra mujer permanece sin pareja no por negarse o no ser elegida, sino por libre albedrío de decisión.
La convivencia es posible para los seres "plural" que requieren de su complemento para estar completos, pero dificil para los "singular" que estamos completos.
Hasta la revolución sexual las mujeres se emparejaron para obtener estabilidad emocional al y los hombres satisfacción sexual, pero ahora muchas relaciones se terminan porque la mujer busca satisfacción sexual y el hombre estabilidad emocional.
Cada vez es más difícil la convivencia en pareja.
Dr. Álvaro Niño
Siempre me sorprendes. 👏👏👏👏👏
ResponderEliminarAhora que lo pienso poco me representan aquellas mujeres que en las calles usan la violencia sin necesidad para conmemorar una fecha en la cual otras fueron violentadas por exigir nuestros actuales derechos. Amo la femineidad, el olor suave, el tono rosa, que me abran la puerta pero también admiro la fortaleza, saber que quiero y que no deseo en la vida de ninguna mujer.
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