Condenada a morir a fuego lento.
No voy a decir
cómo fue
No voy a detenerme en pequeñas minucias.
No voy a
extenderme para denominar cómo brillan sus ojos
Bajo el cielo
nublado
O las luces del hotel.
No voy a
mencionar el detalle de su boca
No podría
expresar la contextura suave
De creme brulee
que se revienta
Al primer bocado.
No entiendo cómo
me sucede algo así, a mis años
Si me he cuidado
tanto
Si he pagado mis
cuotas a los bancos
Respondo
cumplidamente y doblo la deuda
Para el siguiente mes.
Me he resguardado
de no salir de noche
Ni a bares ni a
discotecas
Esos templos de perdición
de la conciencia
De donde emerges, ebria, demente, asediada.
Me he cuidado de
no enamorarme de mis amigos
Tan solo ser su
compañía y encender de vez en cuando
Algún fuego
Para al otro día apagarlo con agua muy fría.
Nada de amores
insufribles por internet
Nada de pasiones decantadas en besos frívolos de emotif.
Ay pero los dioses me envían un trofeo directamente a mis manos.
Allí frente a mis
ojos, desafiando la pantalla, la fuerza que requiere encender un proyecto
creativo.
Y allí, en el
teclado, sus dedos largos
Marcando números.
Estábamos allí,
tan cerca, oh, lo siento por rozarte la pierna
Ha sido sin
querer.
Oh, nuestras
sillas están pegadas una junto a la otra,
No me he dado cuenta.
¿Te estoy
acechando?
Y ya mis labios rozaban los suyos.
Y en ese punto,
ya no tenía control de mis propios impulsos,
No existía ningún
tipo de barrera, física ni mental
Adónde vamos, pregunta.
No lo sé.
Cerca, lejos, ¿al baño?
No voy _ decir su
nombre
No voy _ deletre_r
Ningun_ de sus seis letr_s.
Ignoro
completamente su vida.
Pero puedo decir de
su nariz, cuando exhala sobre mi rostro
Podría morir allí, en ese sahumerio.
Es todo tan litúrgico
Tan sagrado,
Seré una especie de monja, de Sacerdotisa.
Que los santos que observan desde los cuadros
Dirijan la mirada
para otro lado.
Mientras insisto
en mi perdición.
Que me lleven a
la hoguera
Y me prendan
fuego que mientras me derrito
En carne viva, me
quedo con la memoria de esas horas
Donde no fui la
eterna responsable
Y cumplida de su
deber.
No era yo, era mi
instinto retorciéndose
En esa boca de almíbar.
No había órdenes,
ya sabía todo lo que debía hacer, mi adorable condenado.
Por ti moriría
otra vez
Y todas las veces
que haga falta.
Por ti me
quitaría esta falda larga,
De abuela joven
Para huir contigo
adonde quieras.
Adónde tú digas.
Karim Quiroga - La escritora Mutante



Muy hermosa
ResponderEliminarLos Seres Luminosos como Tú....!! Jamás mueren... Son Eternos...!! De pronto desechan los envejecidos y maltratados arapos que cubren Tu Brillante Luz...!!
EliminarBellooo.
ResponderEliminarLo leo y lo siente mi corazón y mi piel. 👏🏻👏🏻👏🏻👏🏻👏🏻
Hermoso texto Karim, sensual, mágico, misterioso… como tú!
ResponderEliminarExcelente 👌
ResponderEliminarGenial.. Vital y desencadenante.. Eres una testigo de emocion.. Incurable.. Felicitaciones
ResponderEliminarBella Karim, cada letra danza con ritmo amoroso y contagioso y nos lleva como el suave viento a frases mielosas indiscriptiblemente eróticas de quienes se sumergen en la certeza del amor
ResponderEliminarApenas me topo con dos de tus escritos y he quedado fascinado, tenme en el radar por favor, me refiero a poder seguir leyéndote.
ResponderEliminarTe acabo de leer y no te conocía, nos vimos en un chispazo en la filbo. Tenía curiosidad y ale como dicen los españoles me gusta tu escritura vas despacio tras la sensación vas ligera apuntando al grano de lo que quieres descubrir. Voy a buscar tu cuento . Placer conocerte
ResponderEliminar