Madrecita Querida – ¡Despiértate!

Hay que generar espacios para un Día de la Madre en
sintonía con la vida no con el gasto.  

El día de la Madre, al igual que la Navidad, se ha convertido en escenario ideal de una sociedad de consumo acelerado e hipócrita.

Cuánta gente avergonzada por no lograr los altos estándares de una sociedad cuyas celebraciones consisten en llenar mesas o cajones con regalos pero si una mamita con tres hijos pequeños solicita una moneda en una calle, la respuesta es un insulto por su condición y otras frases hirientes. A las "mamitas" que sacan la teta para dar pecho también las señalan, todavía hoy, y a la que no recupera su peso ideal la excluyen, literalmente. Ninguna mamita debe consentir una tradición que enaltece a unas y denigra de otras. El día de la Madre no promueve la unión sino la diferencia. Cómo sociedad asistimos con cada "celebración" a perpetuar en el tiempo máscaras y fachadas con caritas felices. Pronto el Día del Padre, y así sucesivamente hasta la Navidad, listos a sacar y a decorar nuevamente el árbol y a preparar la cena " cómo Dios manda" pero las festividades las anuncian a todo color los supermercados desde el inicio del mes. Allí no existe la " palabra de Dios" sino la caja registradora que premia o castiga.

Se hacen ingentes esfuerzos por derrochar pero poco o ninguno por apoyar a quién lo pide o necesita, y seguimos haciendo la vista gorda, pasando de largo.

Cuestionamos a Hitler, como el peor asesino de la historia, pero las fiestas de los Alemanes, en plena guerra, eran fastuosas mientras los judíos pasaban hambre.  La diferencia histórica radica en las fotografías que las reseñan, hoy las redes sociales dan cuenta de la magnitud de la desigualdad, y la indiferencia.

El día de la Madre, que realmente es de todos los días, debería ser para todas las “mamitas”, sin distinción de clases. Sin desprecio frente a unas, y despilfarro, para otras.

Karim Quiroga - La Escritora Mutante.


Comentarios

  1. Que palabras tan bien escritas, cuanta razón tienes.... Caímos en las manos del comercio y el verdadero sentir paso a un segundo plano

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