The Golden ticket

Disertación No. 2



No existen eventos ni actividades multitudinarias, donde la humedad, el contacto humano se establezca y las pieles se choquen, se junten ahora unas con otras.  
Ni  combates cuerpo a cuerpo, donde se juegue la soberanía un retador, contra un oponente.  

No hay túneles que te conduzcan, como en un pasaje infinito, a un cinema con una pantalla gigante, esa búsqueda pletórica por aquella sala que te llevaría a la película por selección espontanea o preferencial- No obstante, el amor se conjura en otros escenarios, crece como la maleza, sin que te des cuenta, o florece,  desprevenidamente.  

Se llama flechazo tardío y su veneno es más letal, porque ha pasado desapercibido durante años, disfrazado de amigo. Además, sin pretensiones ni expectativas que promovieran algún tipo de encuentro más allá de un saludo o una conversación.  

Pero el Golden Ticket es el premio que llevas en el tarjetero y nunca verificaste. Es el baloto ganador no reclamado en las oficinas, el Golden Ticket representa ese fuego que se va cociendo lentamente, hasta que se dilata, se desparrama como un volcán. Ya sin ninguna forma de apagarlo.  O apaciguarlo.  

Es vano cualquier intento de rechazarlo porque se ha trasmutado en enfermedad incurable: ”En Colombia, dijo el científico Guhl, la enfermedad ataca directamente al corazón y ocasiona una gama tan inmensa de alteraciones funcionales y electrocardiográficas que no tiene paralelo con ningún otro mal que afecte este órgano vital. A veces, transcurren 15 y hasta 30 años desde el contagio sin que la víctima sospeche que está enferma y de pronto aparece el mal en forma fulminante” 

 

Y así, tal cual lo describe la ciencia, el episodio ocasionó una gama tan intensa de alteraciones que incluyen la pérdida de la memoria reciente, tan solo se manifiestan flashes del último enfrentamiento, de donde emergiste dando tumbos y rogando piedad, no sigas era la súplica desesperada, detente por favor y en cuestión de segundos, te arrepentías, no espera, aun no, continua embistiendo con caricias que van a alojarse en el único resguardo de conciencia que todavía milagrosamente conservas. En los entretiempos, el oponente utiliza trampas ruines como una botella de vino tinto y una mesa servida.  Ofrece fingido interés en tus necesidades físicas o fisiológicas.  Te ofrece agua para beber. Te permite orinar.  

Y está dispuesto a sacar todo su arsenal antes de que digas que no, o si, o que no sabes. Porque el oponente tuvo años para conocer tus puntos débiles. Años de espera que ahora  significan su triunfo. Sin quejas ni pretensiones, en franca lid. En su zona de confort.  Su táctica, así, textual, le permitió asegurarse el  primer puesto, aun en medio de otros oponentes más avezados,  porque desde el principio, dominó sus reglas, depuró sus maniobras incineradas en su propio ardor.  

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