El Teatro Santander: una visita a la tía rica



Dedicado a A. M.


Tenía muchas expectativas de conocer el recién remodelado Teatro Santander, inaugurado en 1932, es decir, un lugar de patrimonio histórico, recuperado en su totalidad. Me encontré con un lugar con condiciones técnicas excepcionales, y una gran oferta de eventos, pese al alto costo de la taquilla para una familia promedio. En el interior, observé que todo brillaba, incluso el personal de limpieza estaba a la cacería de un papel o de eliminar  alguna huella de zapato, también,  saliendo del baño, sucedió lo mismo, y me detuve entonces para observar que el Teatro Santander fue un  espacio diseñado para cierto tipo de espectadores, personas que quizá tengan cómo comprar las boletas; en el largo plazo, cuando pase el encanto, el lugar debe subsidiar esos eventos, es un espacio  con interiores lujosos ubicado en cercanías de expendio de drogas y prostitución; de modo que pasado el jolgorio, los espectadores no van a volver porque básicamente  el destino se convierte en un lugar al que vas de paso para salir muy rápidamente de allí; el Teatro Santander fue diseñado como aquella tía que de repente se vuelve rica, y necesita demostrar a toda costa todas sus joyas y excentricidades, para estar a la altura de su nuevo status de adinerada. El Teatro Municipal es público y concertado por excelencia, es decir, el Teatro debe ser un lugar donde los niños, las niñas, y las personas mayores tengan espacio para moverse o desplazarse, sin temor a una caída o sentirse avergonzados por estar en un lugar al que sienten que “no pertenecen”.
https://www.teatrosantanderbga.com/espacios

El Teatro Santander más allá del brillo de sus pisos, debe pensar en una forma de acercarse e integrarse a la comunidad y la única forma que puede lograrlo es abriendo sus puertas;  bajando los precios de su taquilla e integrando grupos y artistas locales; pero  la tía rica nunca va a querer reconocerse dentro de su pasado obscuro, y tendrá que seguir haciendo grandes esfuerzos por mantener su estado, su riqueza, pese a que los de afuera, los transeúntes, los habitantes de esa zona, los habitantes de la comunidad, pasen de largo.

El Teatro Santander tiene un gran reto por delante, ser un oasis en medio del caos circundante al que solo tienen acceso algunos afortunados que tienen así mismo otros espacios en los cuales resguardarse,  el Teatro Santander debe reconocerse como espacio cultural, abierto a todo tipo de manifestaciones artísticas y por tanto, a la formación de su público. Hay que darle tiempo al Teatro para que reconozca su verdadero propósito, su verdadera razón de ser, de lo contrario se convertirá en un lugar de sillas vacías y pisos brillantes. A la tía rica se le deja de visitar cuando hacerlo implica un esfuerzo tanto económico como moral. 

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